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Cerrando el año

Fotografía de masquesalud.com

Dicen que la Navidad es para los niños y con razón. Con los años uno se vuelve más apático en estas fechas, aunque sólo sea por el aburrimiento que produce el deja vù continuo de estos días. No es ningún complejo de Grinch o de señor Scrooge, más bien se debe a que el tiempo pasa más rápido a medida que envejeces y no es agradable pensarlo. Por otra parte, quienes hemos visto hasta el hartazgo las campanadas con Ramón García y su capa (si entiendes por dónde van los tiros, también recordarás al chaval de “Hola, soy Edu, Feliz Navidad”) tenemos aprendida más que de sobra la rutina de esta época. Tras la comilona de Nochebuena viene la comilona de Nochevieja acompañada de una noche de fiesta junto a gente trajeada y borracha; después, mientras las Manuelas Carmenas de turno no la líen, llega la cabalgata de los Reyes Magos y, para rematar, en los últimos años Facebook ha puesto de moda la imagen de una rata de dibujos animados animando a unas cuantas personas a volver a ser como siempre una vez terminado el periodo navideño. La Navidad, tiempo para recordar el nacimiento de Jesús como promesa de salvación para todos los hombres, se convierte así en una excusa para comer y beber un poco más a lo bestia que el resto del año.

La víspera del Año Nuevo viene marcada por la reflexión sobre cómo ha transcurrido el presente. Al igual que las entrañables películas sobre milagros navideños (laicos, por supuesto, no vaya a ser que se ofendan los celosos guardianes de la libertad de culto), los propósitos para el año que entra son un clásico de las Navidades. En realidad son una pescadilla que se muerde la cola, porque piensas en lo que no has hecho durante el año que finaliza y te propones hacer para el venidero, y así hasta el fin de tus días. Es curioso que haya estadísticas para casi todo y no para saber cuántas personas cumplen con sus propósitos de Año Nuevo o al menos cuántas no los olvidaron a la semana siguiente.

A pesar de todo lo dicho, como cada año marcaré unos objetivos que posiblemente olvide al cabo de una semana o que en el mejor de los casos sólo se cumplan a medias. Soy realista y temo que no podré leer ni escribir tanto como desearía. No obstante, tocará seguir en la brecha para que la cultura resista contra las acometidas de la falsa literatura ofertada por youtubers, rostros mediáticos de la prensa rosa y demás ralea. Feliz Año a todas las personas de buena voluntad.

Gabriel García
Gabriel García
Blogger literario. Aficionado a novelas históricas y distopías. Proyecto de escritor. Estudiante de Derecho.

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