Originalidad subjetiva y objetiva de una obra

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Originalidad subjetiva y objetiva de una obra

Fotografía de Cinepremiere.com

En esta tercera entrega de nuestras publicaciones sobre Propiedad Intelectual hablaremos sobre los dos tipos de originalidad existentes: la originalidad subjetiva abarca la originalidad, priorizando el estilo del autor; mientras que la originalidad objetiva premia la novedad del contenido respecto a las obras anteriores o teóricamente similares. En ambos casos se exige una relevancia mínima (altura creativa); cuanto más compleja sea la obra y más libertad cuente el autor para crear la obra, mayor altura creativa le será exigida para que su obra no incurra en plagio[1].

 

Por ejemplo, una novela exige mayor complejidad que un relato corto y podrá ser acusada de plagio si los elementos principales son sospechosamente parecidos a los de otra obra. Existe una teoría según la cual Los juegos del hambre es un plagio de Battle Royal; a mi juicio, tras el visionado de sus versiones cinematográficas, debo decir que si bien comparten un punto fuerte en común (adolescentes asesinándose unos a otros por obligación) la obra japonesa presenta un contenido más reflexivo que el simple producto de entretenimiento de la producción americana (en Battle Royal se asesinan porque el Gobierno quiere deshacerse de jóvenes conflictivos y reducir la delincuencia, en Los juegos del hambre tiene lugar como consecuencia de un episodio histórico sucedido mucho tiempo atrás). Entendamos que no existe plagio porque, a juzgar por sus versiones cinematográficas, una obra invita a reflexionar sobre el tiempo presente y la otra es la habitual obra de pasatiempo con aires futuristas. El argumento de Battle Royal sería demasiado elevado como para que Los juegos del hambre fuera su plagio.

 

Lo que no se tiene en cuenta a la hora de proteger una obra es su calidad. Una obra rematadamente mala gozará también de protección legal, siempre y cuando su contenido sea original[2]. Eso incluye también los borradores e incluso el título. Así que si hemos pensado en una idea genial que aún no plasmamos en nada, lo más adecuado será redactar ese borrador con cada detalle que queremos incluir en nuestra obra original y registrarlo gratuitamente en Safe Creative[3].

[1] Bercovitz Rodríguez-Cano, R.; Manual de propiedad Intelectual, 6ª edición, Tirant lo Blanch, Valencia, 2015; págs. 53 y54

[2] Bercovitz Rodríguez-Cano, R.; op. cit.; pág. 58

[3] Más información en https://www.safecreative.org/

Gabriel García
Gabriel García
Blogger literario. Aficionado a novelas históricas y distopías. Proyecto de escritor. Estudiante de Derecho.

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