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Lazarillo de Tormes

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El Lazarillo de Tormes es un clásico de la literatura española que no falta en los planes educativos. Junto a El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha y La Celestina forma parte de la triada literaria del Siglo de Oro que sobrevive en nuestra deficiente enseñanza pública. Y no deja de ser curioso que la autoría de El Quijote sea conocida mientras que el autor del Lazarillo es un célebre anónimo y el de La Celestina camufló su nombre. ¿Por qué? Teorías podemos sacar para aburrir. Lo que no debemos obviar es que en El Quijote se ensalzan valores e ideales, que a pesar de las interpretaciones interesadas de algunos pueden identificarse con lo que ha representado España en la Historia de la Humanidad; mientras que tanto el Lazarillo como La Celestina hablan de una España oscura y miserable donde el clero avaricioso campa a sus anchas con el visto bueno de la nobleza.

 

Por boca de Lazaro de Tormes el anónimo autor narra la historia de un personaje nacido en la pobreza que ha terminado conquistando el bienestar material. Nacido de una mujer con dudosa reputación, con los años pasa de servir a unos amos que le matan de hambre a ser pregonero y amigo de un importante eclesiástico. Durante las escasas páginas de la obra se pone en duda la honradez en beneficio de un estómago lleno, obsesión principal de Lázaro; razón por la cual no le preocupan los rumores sobre que su mujer se acuesta con el importante eclesiástico que tanto bien le ha traído. Sin duda es una obra muy apta para nuestros tiempos. Lázaro de Tormes y el anónimo autor no tienen la culpa de los EREs, los papeles de Bárcenas, las tarjetas black y cualquier otro chanchullo medianamente alegal. Pero es un hecho irrefutable que el español medio de hoy se identifica más con el Lázaro que quiere llenar la tripa y al que nada le importa su honra o la ajena que con el andante caballero que se lanza al mundo a reparar agravios.

 

No es una obra peligrosa ni debe promoverse su censura. Es más, seguramente el autor conoció los hechos narrados lo suficiente como para plasmarlos con fidelidad (o al menos basándose en ellos). Pero su contenido, como su brevedad, es el mejor ejemplo de por qué se reconoce la calidad de la obra por parte de un país empeñado en destruirse. Habría que ver cuál sería el reconocimiento de la obra de Cervantes si la crítica de hoy no creyera ver simplemente una burla a ideales nobles y elevados que hoy no imperan. Como poco debemos desear que el Lazarillo deje de ser la excusa oficial con la que justificar la deriva decadente de los españoles. Neguémonos a creer que la estafa, el arribismo y la gula forman parte de nuestro ADN cultural.

 

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Gabriel García
Gabriel García
Blogger literario. Aficionado a novelas históricas y distopías. Proyecto de escritor. Estudiante de Derecho.

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