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El timo de la Superluna

Superluna en Toledo – Fotografía de Rebeca Arango

Durante días nos dieron la tabarra con la Superluna. Uno leía la prensa digital o echaba el rato con el telediario y ya empezaba a sentirse culpable de perderse un fenómeno que no volvería a tener lugar hasta el año 2034. “Y a saber cómo y dónde estaré por entonces”, pensaba. Llegó el momento. Anocheció pocas horas antes y la temperatura era bastante fría, pero aprovechando que el can debía salir para hacer sus necesidades tuve la excusa perfecta para mirar al cielo como un panoli. Porque, a fin de cuentas, es lo que hice. En medio de la oscuridad de una noche con pocas estrellas, ahí estaba la Luna redonda y blanca; pero tanto como algo fuera de lo común… como que no. Será que carezco de un ojo de astrónomo, pero no reparé en mucha diferencia en comparación con otras lunas llenas. Y tuve la posibilidad de contemplarla en un lugar con poca o ninguna contaminación lumínica.

 

Maldiciendo el resfriado que he cogido gracias a la Superluna (o tal vez deba culpar al perro, no lo sé) encuentro alguna que otra foto sobre este acontecimiento del que sólo podremos disfrutar algunos privilegiados en mucho tiempo. Unas son buenas y realmente parece que la Luna era más grande que nunca, en otras no se ve tanta diferencia. La clave está en la mano del fotógrafo, no hay duda. Todavía se puede seguir alumbrando el arte de la fotografía a pesar de la invasión de los teléfonos móviles de última generación y las tablets con las que cualquiera se cree una eminencia y un potencial reportero. Es el momento idóneo para recordar a mi profesor de Historia del Arte del instituto manifestando que la pintura denominada abstracta o contemporánea surge y tiene sentido desde el momento en que la plasmación exacta de la imagen ya se consigue con la fotografía. Lástima que ésta disciplina también vaya camino de la degradación y la postración ante lo mediocre y lo grotesco gracias a los programas informáticos tipo Photoshop.

 

Si os lo perdisteis queda el consuelo de no ser necesario esperar hasta el 2034 para verlo en directo. Ahorrad tiempo (y salud) contemplando las fotos que ya circularán por medio internet. Entre los retoques de las aplicaciones y la calidad de las cámaras posiblemente lo veáis mejor que si os vais a propósito a un buen lugar a contemplarlo. Si algo tiene la Luna es que en ocasiones resulta traicionera. Ya lo advertía Gustavo Adolfo Bécquer en su leyenda soriana El rayo de luna, en la cual un joven confundía un rayo de luz lunar con una dama y terminaba perdiendo el juicio. Y a lo mejor cuando miramos a la Luna lo hacemos influidos por toda la propaganda cinematográfica que nos incita sin parar a dejarnos caer en su hechizo, pero tal vez Bécquer tuviera razón. ¿Cómo no prendarse de la única luz que ilumina, aunque sea débilmente, en mitad de la oscuridad de la noche? Si a eso le añadimos que de comparsa tiene un buen puñado de estrellas que habrían dejado de existir hace millones de años y de las que sólo queda un brillo minúsculo… el romanticismo resulta hasta empalagoso. ¿Sabéis qué os digo? ¡Al carajo la Luna! Me quedo con el Sol.

 

Gabriel García
Gabriel García
Blogger literario. Aficionado a novelas históricas y distopías. Proyecto de escritor. Estudiante de Derecho.

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