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Super Trump

Trump

Fotografía de Agencia EFE

Lo diré sin rodeos: la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos es una gran noticia. De acuerdo, no lo es para los partidarios del orden político y económico vigente y prueba de ello es que todo el stablishment español (desde el Partido Popular a Podemos) apostaba por Hillary Clinton. Tan extraños compañeros de cama llega a hacer la política que incluso 13 TV, el canal de la Conferencia Episcopal, se unió a las profecías apocalípticas sobre Trump y apoyó a la candidata de los lobbies LGTB y Planned Parenthood (éste último acusado de traficar con órganos humanos por medio de su negocio abortista). Pero quienes deseamos un mundo libre sin las injerencias de Estados Unidos como policía, fiscal y juez del mundo nos alegramos de que haya ganado contra todo pronóstico un candidato que, pese a sus muchos defectos, al menos habla de cambiar el rol internacional de su país.

 

Las reacciones no han tardado en llegar. La mayoría de los periodistas se llevan las manos a la cabeza y predican contra el populismo racista y xenófobo de Donald Trump. Entendamos que en sus reducidos cerebros de analistas políticos el The times they are a-changing del polémico Premio Nobel Bob Dilan sólo tiene sentido dentro de lo políticamente correcto. Por eso tenían esa obsesión por que ganase Clinton, la candidata financiada por los demócratas saudíes, y principal representante de la destrucción y desestabilización de países como Libia y Siria promovida por otro Premio Nobel, Barack Obama, que pasó de oponerse frontalmente a las políticas de George W. Bush a reproducirlas en su máxima expresión (en cierto modo, lo mismo que sucedió en España cuando Zapatero cedió el testigo a Rajoy, en absolutamente todos los sentidos). Pero Clinton, por mucho apoyo recibido incluso desde el propio Partido Republicano por parte de George Bush senior, no se ha llevado el gato al agua aun teniéndolo todo a su favor. El sistema electoral de toda democracia presenta unos pequeños fallos en perjuicio de sus mandamases, como en la Matrix de los hermanos Wachowski, y por esa rendija se les coló Donald Trump.

 

Ahora se abre un periodo de incertidumbre. Con Clinton sabíamos que continuaría la política imperialista promovida en la Casa Blanca desde la implosión del Telón de Acero y que tanto les ha boicoteado la Rusia de Vladimir Putin durante los últimos años. Con Donald Trump, en cambio, se nos presentan dos opciones: podemos estar ante otro bluff estilo Alexis Tsipras o ante alguien que realmente quiera terminar con la política militar desestabilizadora y con los tratados de libre comercio que arruinarían tanto a los trabajadores estadounidenses como a los europeos. Sólo llevando a cabo esas dos medidas ya haría más por el bienestar del mundo que todos sus predecesores de los últimos cuarenta años. Pero las cloacas del stablishment llegan hasta límites insospechados y, conociendo los antecedentes de guerra sucia tan típicos de los Estados Unidos, no sería descartable que la generación de los millenials presenciará un asesinato como el de John Fitzgerald Kennedy sobre Donald Trump. ¿Conspiranoia? Para nada. Cuando algo se sale fuera de los límites tolerados por los amos del mundo tienen lugar percances como, por ejemplo, el asesinato de una diputada británica partidaria de la Unión Europea a manos de un sujeto presuntamente a favor del Brexit durante la campaña de un referéndum. Y en el país del Maine y las armas de destrucción masiva todo es posible.

 

Gabriel García
Gabriel García
Blogger literario. Aficionado a novelas históricas y distopías. Proyecto de escritor. Estudiante de Derecho.

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