Ideas básicas sobre la Ley de Propiedad Intelectual

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Ideas básicas sobre la Ley de Propiedad Intelectual

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Fotografía de Calderón Cardona LTDA.

Esta semana comenzamos una serie de publicaciones dirigidas a orientar a los autores noveles en materia de Propiedad Intelectual. Aunque la legislación y las explicaciones de los expertos a veces resulten un poco farragosas, en realidad no es una materia extremadamente difícil para cualquiera sin conocimientos jurídicos. Damos por supuesto que el lector ya sabía antes de visitar esta web que está muy mal difundir, copiar o plagiar obras ajenas sin conocimiento del autor o causándole perjuicios económicos.

 

Empezaremos dando voz a un experto. El catedrático Rodrigo Bercovitz defiende que “hablar de propiedad intelectual es hablar de cultura, de su generación, de su difusión y, como puente entre aquélla y éstas, del mercado de la cultura, basado como el resto del mercado en el reconocimiento de la propiedad privada y de la libertad de empresa[1]. Aplicando esto al ámbito de la creación literaria, por un lado tenemos una necesidad cultural paliada por los escritores[2] y por otro la necesidad de que los autores se vean compensados económicamente por el disfrute que otros hacen de su obra. Para hacer compatibles las necesidades de los lectores con los intereses de editoriales y escritores contamos con la Ley de Propiedad Intelectual (Real Decreto Legislativo 1/1996 de 12 de abril), en adelante LPI.

 

El primer contenido a tratar por esta LPI son los derechos de autor, estableciéndose en su Título I (artículos 1 a 4) un total de cuatro disposiciones generales:

  • La propiedad intelectual de una obra (en el caso que nos ocupa, literaria) corresponde al autor por el solo hecho de su creación. Esto significa que si escribimos una novela ya somos los propietarios legítimos de sus derechos aun no encontrándose registrada, otra situación muy distinta es que el registro nos ofrezca unas mayores garantías para probar y defender esos derechos de propiedad intelectual frente a terceros que pretendan privarnos de los mismos.
  • La propiedad intelectual se compone de derechos personales y patrimoniales, teniendo el autor a su favor tanto la plena disposición como el derecho exclusivo a la explotación (con las correspondientes limitaciones legales). Nadie puede obligar a un autor a publicar su obra ni apropiarse de sus derechos, en todo caso es el autor quien cede su derecho sobre la obra para que otros la comercien a cambio de una remuneración.
  • Los derechos de autor son independientes, compatibles y acumulables con otros derechos, incluidos la Propiedad Industrial y otros derechos de Propiedad Intelectual. Por ejemplo, a la muerte del autor los derechos de una obra corresponden a sus herederos pero éstos nunca podrían considerarse autores de dicha obra.
  • Debemos distinguir entre divulgación y publicación: nos encontramos ante una divulgación cuando, previo consentimiento del autor, se ponga a disposición del público una obra por primera vez independientemente de su formato (por ejemplo, podría considerarse divulgación una entrada en un blog o en un periódico del primer capítulo de una novela); en cambio, se considera publicación cuando la obra se pone a disposición del público mediante un número de ejemplares destinados en número y forma a satisfacer la demanda (retomando el ejemplo anterior, sería publicación que el autor de la novela, tras un acuerdo con una editorial, conceda su permiso para que la editorial ponga en el mercado una edición de la obra lo bastante amplia para contentar al mayor número posible de lectores interesados, ya sea en formato físico o en ebook; lógicamente, según la reputación del autor, esta edición podría oscilar entre los 100 ejemplares de un autor poco conocido y los 100.000 de un autor consagrado).

 

Esta LPI se aplica en España tanto a sus nacionales como a los nacionales de otros Estados de la Unión Europea, a los extranjeros residentes y a quienes pudieran acatarla en base a tratados internacionales; también se aplica en lo referente al derecho moral de autoría a cualquier persona independientemente de su nacionalidad[3].

[1] Bercovitz Rodríguez-Cano, R.; Manual de propiedad Intelectual, 6ª edición, Tirant lo Blanch, Valencia, 2015; pag. 19

[2] ¡Importantísimo! Belén Esteban y Dallas Review, por citar un par de ejemplos, ¡NO SON ESCRITORES!

[3] Bercovitz Rodríguez-Cano, R.; op. cit.

Gabriel García
Gabriel García
Blogger literario. Aficionado a novelas históricas y distopías. Proyecto de escritor. Estudiante de Derecho.

1 Comment

  1. […] el artículo de la semana pasada enunciamos las cuatro disposiciones generales de que constan los derechos de autor. Ahora debemos plantearnos qué o quién puede considerarse […]

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